jueves, 8 de agosto de 2013

El orador más grande de todos los tiempos.

Jesús de Nazareth es y será siempre el mayor orador que la humanidad haya podido conocer, sus palabra, sus enseñanzas y la manera de usar el verbo para transmitirlas, son indiscutiblemente superior a cualquier orador conocido, para su época uno de los mayores problemas que enfrento Jesús  era la cárcel intelectual en que vivían las personas, esa poca flexibilidad de pensamiento que les impedía entenderse a si mismo y a sus entorno. Entre sus dotes orales para llegar a la gente usaba el arte de la duda, lo empleaba para abrir la puerta de la inteligencia de las personas.

¿Cómo usaba Jesús este arte?

Si observamos los textos de los cuatros evangelios, observaremos que usaba el arte de la pregunta y cuestionaba, para provocar en las personas un proceso de interiorización y autocrítica.

Como orador Jesús además fue un extraordinario narrador de parábolas, cada una enmarcada en situaciones que la gente conoce bien, usaba las ilustraciones para que la gente revelara la actitud de su corazón, era carismático y paciente en el arte de enseñar con su palabra, cautivaba hasta a sus opositores, expresaba enseñanzas complejas con historias simples. Siempre contaba historias que atraían y estimulaban a pensar, convertía a sus oyentes en agentes activos en el proceso de educación y transformación,

Jesús estaba continuamente llevando a sus discípulos a pensar antes de reaccionar, a abrir sus mentes aun ante el miedo, los errores, los fracasos y las dificultades. Estimula las funciones de la memoria y el proceso de construcción de pensamiento, hablando poco y diciendo mucho, El sabia que la memoria no era un simple deposito de información, Jesús buscaba que el hombre no fuese un simple repetidor de reglas y conceptos, alguien que solo sabe juzgar a los demás, pero que no sabe interiorizar y enfrentar sus propios errores.

Jesús hablaba con gestos, lo que explicaba sus enseñanzas mas claramente que mil palabras, pero aun así muchos no comprendieron  que él transmitió valiosos mensajes no solo por lo que hablo, sino también por lo que no hablo. Esos profundos mensajes que expreso con la elocuencia de sus gestos y sus momentos de silencio.

Cristo rompía la frialdad del conocimiento, el lo transmitía con vida y se fundía con las historias. Las personas se sentían privilegiadas de oírlo. Los fariseos estaban tan atraídos por su manera de hablar que siendo sus mismos opositores estaban cerca para disfrutar de escucharlo, Es incomprensible para algunos como alguien sufría tanta oposición y al mismo tiempo despertara tanta admiración en sus opositores.

De el se dice:

Jesús de Nazareth, sin armas ni dinero, conquisto más millones de personas que Alejandro, César o Napoleón. Sin contar con cultura ni conocimientos, arrojó mayor luz sobre lo humano y lo divino que todos los filósofos y estudiosos que han existido. Sin elocuencia académica alguna, pronuncio Palabras de Vida como nunca se habían oído ni han vuelto a repetirse desde entonces, generando efectos que ningún poeta u orador ha logrado jamás. Sin haber redactado una sola línea, impulso más plumas y proporciono mayor cantidad de temas para sermones, oraciones, debates, tratados eruditos, obras de arte y canciones de alabanza que todas las legiones de hombres brillantes que ha habido en el pasado y en tiempos modernos.

Han transcurrido una veintena de siglos desde su nacimiento y aún sigue siendo figura central de la humanidad y la única esperanza para su futuro. Me quedo corto si digo que todos los que hayan marchado, todas las flotas de guerra que se hayan construido, todos los parlamentos que hayan habido y todos los reyes que han reinado, en conjunto, no han ejercido una influencia tan grande en la vida del hombre en este mundo como la de este Único Ser.

Anónimo.


Son atípicas las paradojas que envuelven la historia de Cristo. Nadie hablo de amor como el, al mismo tiempo nadie fue tan odiado como el.

El se entrego y se preocupo tanto con el dolor del prójimo, y nadie se preocupo de su dolor. El fue herido con rechazo sin tener motivo para ello. Era tan dócil, y aun así se le trato con mucha violencia. No deseaba el trono político y fue tratado como si se tratara del más agresivo de los revolucionarios. Y su máximo y coherente discurso lo pronuncio clavado en la cruz  cuando dijo !Padre! perdónalos porque no saben lo que hacen”.


Todo orador que desee formarse en el poder de la palabra debe aprender de Jesús de Nazareth; El Maestro.




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